OdP-blanco

REGISTRO DE
POETAS 

ROSABETTY MUÑOZ / FLORENCIA SMITHS / SOLEDAD FARIÑA / DANIELA CATRILEO / ALEJANDRA GONZÁLEZ CELIS / VICTORIA RAMÍREZ / LAS BICHAS, CAMILA SULLIVAN Y ARIEL INOSTROZA / GLORIA DÜNKLER / VERÓNICA JIMÉNEZ / JULIETA MARCHANT / CONSUELO MARTÍNEZ / CARMEN AVENDAÑO / ROXANA MIRANDA RUPAILAF / MACARENA URZÚA / DAMSI FIGUEROA / GLADYS GONZÁLEZ

Proyecto de experimentación poético-musical que busca fusionar ambas disciplinas en un repertorio que se inscribe como propuesta en la tradición de las vanguardias de música y de poesía sonora, donde también concurren lo escénico y lo visual, conformando una experiencia estética compleja y pulsional, que se propone trabajar en la frontera de la música y la poesía, sin llegar a la canción, ni tampoco a la poesía sonora pura u obra indescifrable.

Alejandra González
(Santiago de Chile, 1976)

Es trabajadora social y escritora. Ha publicado los libros La enfermedad del dolor (2000) y Jauría (2018). Fue becaria de la Fundación Pablo Neruda en 1998. Comenzó su obra escribiendo poesía, pero recientemente se ha aventurado en otros géneros como la crónica, el ensayo y el teatro. Su poética trabaja a partir de la memoria, usando las palabras para “trazar una fisura, una fractura, que algo pueda resquebrajar ¿el orden? ¿la forma?”, dice. “Me interesa la fuerza de las palabras, su color, trastocarlas, jugar con ello. Me interesa el desorden.” Practica la escritura cotidiana, releyendo en voz alta y corrigiendo muchas veces los primeros borradores. 

 

 

Sobre La enfermedad del dolor, escribió Patricia Espinosa (en la revista Rocinante nº71): “es un libro intervenido por un romanticismo posmoderno, en el cual el sí mismo deviene sujeto vacío y donde la necesidad de cura, de mejoramiento, aparece como ausencia, como aplazamiento continuo.” En otra reseña (El mercurio, 2 de julio del 2000), Cristóbal Solari escribe: “Reiterativo hasta el agobio, con premisas que son ideas poéticas con un ‘correlato objetivo’ definido y concreto, la poeta revela el grado extremo de un dolor en que el propio cuerpo ya es superado, substraído, dolor enfermo él mismo, dolor implacable de los hospitales, propio de los objetos y de la sensualidad de una enfermedad institucionalizada y plena de espejismos y distorsiones.” En su libro siguiente, Jauría, el foco se desplaza del dolor y el cuerpo propios a una exploración de la experiencia animal, del espacio de una ciudad salvaje por la que vagan perras sin nombre y perras desoladas. Gladyz González, en su presentación del libro, lo sitúa como “parte de un grupo de libros chilenos que hacen de la poesía un conjunto de análisis críticos al discurso de la pobreza  (…) desde la observación, la vivencia, la clase sociocultural, la etnia, el trabajo de collage investigativo y desde el testimonio de archivo de medios de comunicación y redes sociales.” (link)

Entre sus referentes literarios, destaca la poesía de Alejandra Pizarnik y la de Mauricio Redolés, con quien sostiene un diálogo constante. Entre sus lecturas más recientes, menciona también el libro Niños, de María José Ferrada, la poesía de Stella Díaz Varín, Nada de Carmen Avendaño, No era yo esa persona, de Cristian Cruz, y Calamina de Gladys González.

Los poemas que leyó para este Registro están escritos desde la rabia y desde el amor por la vida. Como ella misma explica son textos que “de alguna manera tratan de hacer justicia en un país que ha sido convertido en un forado de desigualdad, de robo, de mentira”. Y agrega: “Creo que es importante reinvidicar la rabia como un sentimiento justo, posible, legítimo. Porque hay amor en la rabia también, hay vida. A mí me gusta mucho vivir, me apasiona, por eso escribo también.”




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