OdP-blanco

REGISTRO DE
POETAS 

ROSABETTY MUÑOZ / FLORENCIA SMITHS / SOLEDAD FARIÑA / DANIELA CATRILEO / ALEJANDRA GONZÁLEZ CELIS / VICTORIA RAMÍREZ / LAS BICHAS, CAMILA SULLIVAN Y ARIEL INOSTROZA / GLORIA DÜNKLER / VERÓNICA JIMÉNEZ / JULIETA MARCHANT / CONSUELO MARTÍNEZ / CARMEN AVENDAÑO / ROXANA MIRANDA RUPAILAF / MACARENA URZÚA / DAMSI FIGUEROA / GLADYS GONZÁLEZ

Proyecto de experimentación poético-musical que busca fusionar ambas disciplinas en un repertorio que se inscribe como propuesta en la tradición de las vanguardias de música y de poesía sonora, donde también concurren lo escénico y lo visual, conformando una experiencia estética compleja y pulsional, que se propone trabajar en la frontera de la música y la poesía, sin llegar a la canción, ni tampoco a la poesía sonora pura u obra indescifrable.

Soledad Fariña
(Antofagasta, 1943)

Publicó su primer poemario, El primer libro, a los 42 años, en 1985. Lo siguieron, entre otros Albricia (1988), En amarillo oscuro (1994), La vocal de la tierra (1999), que reúne sus tres primeros libros, y luego Narciso y los árboles (2001), Donde comienza el aire (2006), Se dicen palabras al oído (2007), Pac Pac Pec Pec (2012), Yllu (2015) y 1985 (2016). Ha escrito además ensayos críticos sobre diversos escritores como Gabriela Mistral y Juan Luis Martínez, el libro de relatos Otro cuento de pájaros (1999) y las traducciones de Safo Ahora mientras danzamos (2012). Recientemente apareció El deseo hecho palabra (2021), que recoge sus artículos y ensayos. En 2006 recibió la beca Guggenheim y en 2018 el premio por trayectoria de la Fundación Pablo Neruda. 

Su escritura comienza, en sus tres primeros libros, con una exploración del lenguaje poético que indaga en otros modos de decir distintos al predominante en el occidente judeo-cristiano a partir del mundo prehispánico, en particular con el libro sagrado maya-quiché Popol-Vuh. Escritos en los tiempos oscuros de la dictadura, esos textos son sin embargo intensamente luminosos, sensuales, coloridos, en contacto con el desbordante barroquismo de muchas escrituras latinoamericanas de esos años y con las búsquedas de una escritura femenina que emprendían por entonces muchas autoras. Se ha calificado su escritura de hermética, pero sería más apropiado decir que ella es diáfana en exceso, clara hasta el deslumbramiento en su exploración del erotismo, el deseo de trascendencia y las posibilidades del lenguaje ante aquello que excede la lógica y la capacidad de comprensión.  

De sus lecturas, abundantes y variadas, ella misma destaca en sus años formativos La última Niebla, de María Luisa  Bombal, el Altazor, de Huidobro, la reflexión sobre el mestizaje de Gabriela Mistral y José María Arguedas y luego, en un diálogo que se extiende hasta la actualidad, la prosa narrativa de Juan Rulfo en Pedro Páramo, así como ciertos textos de Blanca Varela, Diana Bellessi, Guimarães Rosa, Virginia Woolf, Joyce, Djuna Barnes, Elena Garro, Osvaldo Lamborghini, Georges Bataille y Juan Luis Martínez. “De cada uno de esos libros”, señala “algo quedó en el magma de mi cabeza que más tarde aparecerá en mis textos como ritmo, metáfora o palabra desconocida y extraña.”    

El poema que lee en este registro forma parte de su libro de relatos Otro cuento de pájaros, recientemente publicado en edición revisada y aumentada por Libros del Pez Espiral. Como ella misma explica, “fue escrito alrededor de 1985, el peor y más cruel año de la dictadura. Es el relato de la tortura a una mujer, pero sin el rigor de un relato lineal.” Ante la imposibilidad de narrar lo innombrable, en este texto la palabra bucea a tientas en la confusión de los sentidos, en la imagen de un Tucán, un animal-tótem que transmuta el dolor en color y el sufrimiento en música verbal. 




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